Recorrido 3. El laberinto (Parte I)

El laberinto me abre sus puertas. Allí las veo, por donde se cuela la luz de la calle y el ruido. Respiro profundo y me mezclo entre el resto, muchedumbre amontonada contra esa puerta de luz que nos asfixia, aprieta y escupe a la calle.
Una vez fuera, reacomodo la mochila y el aura. Como en otro escenario, quedo paralizado mirando las caras apuradas, preocupadas, grises. Por un segundo dudo que esa situación sea real. Luego sonrío por mi ocurrencia: qué sentido tendría saberlo si justamente es lo que decidí buscar.
Camino rumbo a la Plaza San Martín. En el corto recorrido me cruzo con especímenes propios de la magnitud de la ciudad, vendedores ambulantes con bolsos enormes, yupis con corbatas aún más enormes y policías vestidos de policías. En la esquina un stencil me llama la atención, en violeta pálido susurraba: cuando te perdés no me encuentro.

Cuando me senté en el banco de plaza seguía pensando en la frase de la esquina. Justamente en una esquina, porque podía ser a mitad de cuadra pero no, lo vi en la esquina y las esquinas tienen algo, como de lugar de encuentro o de primer beso o de cruce y que algo puede pasar porque las posibilidades se multiplican. El violeta pálido y la frase me hacían pensar en una chica, movida por el ácido del desencuentro o desamor, siempre "des" porque en el completo no hay reclamo y el stencil claramente era un reclamo, al menos grito desconsolado o de último recurso: cuando te perdés. A ella no le gusta que él (o ella) se pierda. No le gusta porque encuentra en el otro su encuentro. Esa unión de dos seres, combinación única e irrepetible entre los seres del planeta, le permite encontrarse. Si uno se pierde, el otro también. No es joda. Pienso en la chica cortando letra por letra una radiografía, pidiéndole al ferretero una lata de aerosol violeta, violeta pálido. Después, mientras él (o ella) está perdido seguramente en una esquina, ella sola, de noche en el laberinto se decide a apretar el pico del aerosol en Alem y Belgrano. En medio de una Buenos Aires furiosa ella confiesa sentir.

El sol en la cara me despabila. Hace unos cuarenta minutos que entré en el laberinto y me perdí en la historia de otros seres que ni conozco, o que quizá ni existen y son solo artilugios de la ciudad que me distrae y absorbe. Regresa a mi la afirmación de que no tengo la menor idea qué estoy haciendo en Buenos Aires. Sin embargo, tengo la sensación de que voy hacia algún lugar. Ya autoconvencido de un ir asegurado, juego unos segundos con los efectos de la vista que me produce el sol en los ojos. Veo lucecitas alredededor, seguramente sean efectos visuales pero quiero pensar que son vestigios de una realidad alterna de otro espaciotiempo. Sé que en esos momentos bordeo la cordura, pensamiento que seguramente es producto de la fotosíntesis y ese sol que me pega en la cara y me pone a pensar de dónde provienen las cosas. En ese momento pasan dos linyeras caminando con un carrito de supermercado repleto de frazadas. El más alto de ellos, descalzo, de saco y camisa violeta pálido le comenta al otro: ¿escuchastes alguna vez sobre la logia de los vagabundos?
No puede ser, pienso. Los sigo.

como a la par

Conozco a una mujer que cuando mira al mar, lo reinventa.
La veo caminar decidida, como si supiera donde va. De pronto se detiene, respira hondo, profundo, lejano. Sé que en ese momento ella es el horizonte, está recostada sobre la furia del océano. Lo apacigua, lo adormece. Ella también lo sabe, pero de una manera distante, como una respuesta sin palabras.
Esa mujer que conozco, retoma la marcha sabiéndose fragmentada. Ella sabe y yo sé, que una parte de su ser sigue en el horizonte, siguiéndola a la par desde el mar, revoloteando cerca, libre, sin líneas.
Ella camina mientras sus aros de madera juegan a ser viento. Ella camina lento desenredando el ovillo, frenando el trompo, de par al mar.
Sé por sus ojos que su norte es el sur. Sé por sus manos que su cielo es la tierra.
La veo acercarse, frenarse frente a mi. Con gracia se muerde el labio inferior mientras el sol resalta las pecas en sus mejillas.
Me levanto, la abrazo. Ella solo dice Hola. Hola, me dice y se ríe porque señalo el mar y su nombre termina justo ahí, donde empieza todo, en su cuerpo recostado en el horizonte.
Sin decir nada nos sentamos en la arena, sin decir nada discutimos la revolución, el misticismo, la química espiritual. Mi mente construye castillos que ella derriba en la arena, como tomando mis cables para atarlos a la raíz de un árbol. Me gusta que haga eso, porque desde la raíz tengo acceso a sus raíces, y en algunos instantes me permito desatar algún nudo para que un globo huya y se funda en el cielo.
Ella sabe de contrastes. Yo sé que sabe. Pero en ese tema no entramos, no hace falta. Simplemente seguimos en silencio como a la par, como después de un beso. Ella señala el mar. Hola, me dice, y vuelve a reír.

espejismos


miro por el cristal
veo el misterio

(un tesoro perdido en sí mismo)

el secreto de una isla sin mar

viento pirata del cielo

grito en la oscuridad

intenta borrar las marcas

cicatrices de arena y de sal

pero sobreviven los símbolos

(mientras)
el agua escribe en cursiva



*dejo el cristal en la arena, el desierto se apropia de mi: náufrago en las marcas de un tesoro perdido.

Recorrido 2. De sueños y trenes

Llegué al tren unos cortos minutos antes de que comenzara a moverse. Todavía algo aturdido, me senté de cara a la ventanilla y me dejé hipnotizar por el sonido de vías y rieles.
Todo el cansancio apareció de golpe. Con él llegaron las preguntas. ¿cómo? ¿por qué? ¿qué estoy haciendo?.
Entre la locura, los sueños y la vigilia había tomado decisiones apresuradas, como elegidas por una mano invisible que ya sabía lo que tenía que hacer. La cuestión ahora es entender de donde apareció esa mano o a donde me quiere llevar. Tengo el presentimiento de que tengo que resolver ese acertijo antes de estar ahí. Pero ahí no tiene nombre ni cara. O sí, pero no ahora. Ese no saber y dejarme llevar son una combinación peligrosa, mucho más sumadas a las coincidencias y fábulas cotidianas. Y la mano y los rieles y los sueños.
El pensamiento se apoderó de mis fuerzas tomando rumbos claros, la obligación de pensar, de responder, la chica y los colectivos, las decisiones que me pusieron en este tren casi tan solo como en el destino, donde nadie me espera ni sabe de mi, donde no espero que nadie me espere. En el destino no espero a nadie, solo el destino me espera casi elocuente, con su cara más gris y un reloj de arena que cuenta grano a grano seis horas interminables, donde el pensamiento se hace dueño de un estado de ensueño y frío y esa mano que me obliga a pensar en esa mano, en mis fábulas y el destino es Retiro y esa cara gris se llama Retiro. Destino y Retiro y mis fábulas juegan ahora con las palabras y el paisaje repetido me adormece y esa mano se hace sueño. Un segundo antes de caer rendido al teatro pestañas dentro, recuerdo una última frase casi lúcida: ahí será más fácil de oír.
Ese estado de sueños ciertamente en sus amplias y casi infinitas posibilidades, podría decir libertinaje inconsciente, posee la capacidad de decirme todo al mismo tiempo y de todas las formas, hasta sin decirme. En el momento en que propongo esto, me creo despierto y el juego comienza nuevamente. Veo fichas. Veo fichas dispuestas paralelas en una ruta infinita, verticalmente consecutivas donde soy tácito, simple observador. Cada ficha es igual a las otras y sin embargo me dicen cosas distintas. Me transmiten escenas de mis días, detalles, recuerdos. La mochila, el portazo, la psicosis, la mirada, las manchas de pintura, el taxi. Las veo, a todas las veo al mismo tiempo, como una muerte temprana, suerte de filología de mi propia historia veo a la mano divina dibujar instantes. La mano es mía y ahora derriba la primera ficha y una vez más vuelo sin ojos detrás de un efecto dominó, una ola interminable de ondas infinitas y el viento y la temperatura. Sigo detrás de cada ficha cayendo, siempre detrás y esa mano ahora tira de las cuerdas y un yo marioneta corre cada vez más rápido tratando de anticiparse a lo que viene, desatándose del tiempo y la distancia. Ahora la ficha siguiente es el tren, y el ensueño y el buscar la explicación a la serie incompleta, lógica incomprendida que me lleva a seguir persiguiendo escenas a un ritmo intolerable, que ahora me llevan a un túnel y la velocidad imprecisa en la oscuridad me pierde me aturde me afiebra. Veo la salida, el fin de las cuerdas, el nombre de la mano, casi estoy ahí. Sin embargo entender y comprender son cosas distintas. Una vez más esa sutileza del azar en decir basta justo un segundo antes. Plaf.
Un brazo en ángulo recto ejerce una fuerza descendente y el sonido de una bocina se mezcla con la fricción del tren frenando sobre los rieles oxidados.
El reloj de arena dijo basta. Nuevamente lo doy vuelta. Hola Buenos Aires.

Recorrido 1. Imaginario cotidiano

Me gusta que quedes quieta en mi plano visual mientras el fondo cambia constantemente.
Me gusta que no sepas que te estoy viendo, entonces te dejas llevar por los gestos reales que te marca la piel y veo esas caras que nunca vi.
A decir verdad es la primera vez que te veo, pero vos entenderás que es como de toda la vida. Quizá nos conocimos en una vida pasada, me gustaría saber si vos crees en esas cosas. Me gustaría saber también que música vas escuchando y transformarme en ella, que entra por los oídos y lentamente se desliza por tu mejilla, baja por tu cuello para subir al saquito azul que sirve de puente desde el hombro hasta la muñeca, ahí en la música se baja y toma control de tu dedo índice que se mueve como aceptando un ritmo parejo y divertido. Ahh la música, sin hablarte sé a donde te debe llevar, igual que el cine, igual que un libro a la noche. Sé también que te darías cuenta que a mi me lleva al mismo sitio y no te haría falta preguntármelo, porque ambos lo vemos en nuestros ojos aunque no me mires aún, vos estás en trance con la mirada en los árboles, yo en los árboles reflejos de tu mirada.
Debo admitir que me incomodan un poco las señoras que se cruzan entre vos y mi imagen de vos. Digo señoras para englobar al público en general sabés, porque precisamente en este colectivo hay personas de toda clase, edad y partido político, pero son precisamente las señoras con carteras y bolsas con pasta frola las que me hacen perder el juicio de lo que estoy viendo. Me molesta un poco cómo me miran, como asustadas por el solo hecho de llevar una mochila grande. No voy a explicarles que me voy a tomar un tren a Buenos Aires, pero se los gritaría en la cara para que dejen de chistar y simplemente me pidan permiso cuando tienen que pasar al lado mío. Me encantaría dejar de usar el verbo condicional y tratarte de vos a la cara, contarte estas cosas, jugar a dejar caer la mochila y contar los bufidos o simplemente adivinar que personas que nos rodean gustan de los caramelos media hora, cuales toman mate amargo o a quienes no les gusta planchar.
Vos seguís ahí perdida mirando al sol, sin percatarte como yo de tu dedo índice que casi con vida propia deja de marcar el hi hat para correr ese rulo castaño que te hace cosquillas en los ojos, suavemente lo acomoda tras las orejas y el sol te pega en la mejilla. El dedo vuelve a su lugar inicial, el rulo hace lo mismo, tu mirada nunca se fue. Tu mirada esta ahí, perdida entre casas o historias o recuerdos. Me gustaría saber que está pasando ahí detrás de tus ojos, jugar a la imaginación.
De pronto la mano de dios en su metafísica cotidiana se hace presente: Una señora le comenta a su voluptuosa amiga que no se tiene que guardar las cosas, "el tren pasa una vez sola querida, mirala sino a la Esther que se quedo sin el pan y sin la torta". En ese instante un señor de mirada cansada y ropa con pintura se levanta a tu derecha dejando el lugar libre, casi con mi nombre.
Me paro. Me siento. Te miro.
_Hola
_Hola. Y el sonido de esas cuatro letras, digo cuatro porque cada una fue eterna y la H fue precisamente la más sonora, fue una máquina del tiempo. Te diste cuenta. Mis rasgos y mi barba seguían alrededor de mis veintitrés años, pero las manos y la voz se fueron de golpe a unos seis y un brillo de tus ojos desde lejos me dijo ya lo sé, no me importa, me gusta.
Luego de ese entendimiento, la conexión fue inevitable. Conversamos fluidamente y me tomaste la mano. Recuerdo que en una esquina, casi llegando al mar, el colectivo estaba vacío. Recuerdo que ni siquiera nos sorprendimos de que no había ni pasajeros ni conductor y ni vendedores ambulantes. Ni siquiera nos percatamos de que el colectivo estaba volando sobre el mar. Nos mirábamos a los ojos. Te miraba, me mirabas. No éramos ya dos. Éramos algo, infinito, universal, un ente telepático que no necesitaba ya acercarse porque no existía la distancia, mucho menos el tiempo.
Nos besamos. Sonreímos. Fuimos un momento sin nombre.
Pero claro, si los momentos sin tiempo no son para esta dimensión qué puedo esperar para el recorrido del 62.
Abrí los ojos. Tu lugar lo ocupaba la señora amiga de la Esther. Vos te habrás bajado un par de cuadras atrás, no muchas. Yo en estas nubes de colores perdí la noción del espacio. Me pasé. Perdí el tren, una vez más.
Debo admitir que me quede con ganas de saber tu nombre o al menos de escuchar tu voz. Me quedo con tu índice haciendo volar al colectivo sobre el mar, me quedo en tu música y me deslizo por tu mejilla, por tu saquito azul desde el hombro hasta la muñeca y me bajo.
_Dónde estoy??? Taxi!

Recorrido 0. Desfragmentación

Existen personas que en la vida diaria hacen de la subjetividad una trágica obra de arte utilizando las palabras de una manera digamos especial. Digamos digamos.
Estos seres, a veces sin saberlo, transforman un simple pedido en una orden, un comentario en un juicio, un halago en un insulto. La elección de cada vocablo, la pausa entre palabra y palabra, la acentuación, las manos, las cejas, un guiño. El ser se transforma en la frase en la opinión en la manipulación, desde la palabra, de la situación completa.
Una característica fundamental que suma a esta observación, es la sutileza casi etérea (perdón el termino) en que cada opinión se encuentra envuelta. Unas pocas palabras al aire, traspasan los oídos como un suspiro, dandelion, palabras inmateriales voladas como el aire mismo, una pequeña vibración. Adentro, la catástrofe. El receptor, a veces también sin saberlo, es víctima entonces de un caballodetroya vestido de sílabas. Por lo general, en un primer término, la víctima se convierte en el dueño de la responsabilidad de responder. Esta respuesta debe ser elegida con sumo cuidado previniendo las posibilidades de lo que puede sucederse inmediatamente después. Quizá puede llegar una pregunta, quizá el silencio. Pero el caballo está dentro, nueva información cargada y recargada de subjetivo juicio, qué más da positivo o negativo. Son palabras y todo lo que conllevan.
Hay cierto tipo de consultas o cuestionamientos que son especialmente complejos: los de afirmación o negación. Una persona pone a otra en el banquillo cotidiano de obligarlo a decidir entre los dos polos, o uno o el otro. Esto genera automáticamente reacciones múltiples en el receptor, que rápidamente debe responder, en algunos casos hasta fundamentar, a la cuestión en sí. La obligación tácita de responder, de emitir aunque sea al monosilábico y tajante adverbio de negación, se torna en muchos casos insoportable, lo que puede llevar a cualquier individuo a la desesperación y/o locura ante la pregunta más ínfima.
Estos seres hábiles en retóricas de sobremesa, conocen de su capacidad. Si bien dijimos que en algunos casos lo hacen inconscientemente, saben observar el resultado de sus frases, cuando no de sus opiniones. Receptores acorralados se disfrazan de opinólogos y se enredan entre palabras, tiempos verbales, a veces con nombres de filósofos o el recorrido del 62.
La gama es amplia. Las palabras todo lo pueden, si no lo pueden lo inventan, si no lo inventan existe. Esta existencia genera un perverso deseo en la mente de los manipuladores. Ellos ávidos en el uso de la palabra, suelen admirar la naturalidad transformándose en búsqueda desesperada de un distraído cualquiera. Llega la pregunta, un comentario abre la puerta correspondiendo a la conversación, luego más signos de interrogación hasta que en un quinto round quién se interesó en un primer momento en una cuestión que parecía banal, se encuentra atado entre las leyes de la conversación, obligatoriamente debe responder siendo observado por un interrogador sabueso sediento de gestos y originalidad. Una gota de sudor, dos manos que se encuentran, un vaso con agua. El sabueso intenta ver a su amo en esas acciones. Ve a otro ser caminando sobre lo que siente que quiere/debe contestar, con escasas herramientas buscando en el mundo infinito de lo desconocido la palabra correcta que corte con la conversación. El sabueso no sabe de buscar en el espacio, es un perfecto mecánico de silogismos y frases de buen ritmo y entonación, de pausas y miradas que sugestionan, sabiéndose incapaz de acceder al arte del silencio real, de la sorpresa infantil de ver una hoja a trasluz, de la tontería de maravillarse con lo más ingenuo.
Estas características de la interpretación de los manipuladores, no son otra cosa que una cadena de la cadena de la evolución de denominar las cosas por su nombre, de hacerlas desaparecer en su aparición, de "esto no es una pipa".
En definitiva, esto no es una frase. Esto es en sí mismo, una contradicción: el desvelamiento de algo que desaparece al levantar el telón, justamente por crear el telón. Esto es el arte de borrar con el lápiz y el silencio, de un juicio cotidiano y público dónde el juez y el acusado buscan lo mismo de dos maneras absolutamente distintas. El saber y el sentir se miran a los ojos, en una causa donde la palabra es la firme prueba de lo no es, pues a veces se torna improductivo el uso de letras para ciertas cuestiones, ya lo dijo Magritte, que seguramente ni siquiera sabía por donde para el 62. Menos mal que yo si. Me subo.

Martes últimos. Tercer Círculo.

Toma esa piedra esférica. Una esfera perfecta.
La recubre con hojas de hierba. Sobre las hojas van las espinas.
Ahora con un pedazo de papel envuelve la bola de piedra, hojas y espinas.
Sobre el papel escribe: "nos creemos el tiempo".
Arroja la piedra por un barranco y observa como golpea contra otras piedras, azarosamente donde debe golpear justo antes de caer al cielo, desvanecerse en agua y caer sobre los techos de tejas y chapas.

Bajo los techos los seres y sujetos tácitos conviven con el sonido de la lluvia y algunos, como Julio, comienzan con los rituales. El ritual de este domingo gris consiste en buscar una piedra esférica, recubrirla con hierbas y espinas y finalmente con un pedazo de papel, donde por arte de la magia del grafito puede dejar eternamente escrito: "el tiempo no pasa, el presente me ve pasar".

La piedra es arrojada al cielo, donde choca con otras piedrasagua que poco a poco deshacen la magia de las letras y empañan la vista del tiempo presente.
El papel de la piedra vuela indescifrable ya por su lado. Así lo siguen las hojas de hierba y las espinas, abandonadas a la libertad de la tormenta gris del domingo.
Pero la piedra, esa bola sagrada de piedra no vive, no vuela, no vuelve. La piedra es la materia, el fiel testimonio del estar. Entonces el éter en su ironía de viento y domingo de mentira, se lleva la piedra, se lleva las palabras y el testimonio.
Justo cuando la piedra no vuelve, un trueno ensordece a los techos de tejas y chapas.

Julio entiende de señales. Prepara el fin del ritual. Julio cierra los ojos y dibuja un círculo con tiza en la pared, toma impulso y entra en él.

Los nudos en la garganta

Veo un rincón en la casa, habitado por sí mismo. Me llama la atención.
Sólo es un rincón, ni más ni menos. Por eso.
Me gusta pasar tiempo ahí, junto a la estufa escuchando a la casa temblar con la lluvia lloviendo.
El ritual comienza un rato antes de la primeras gotas.
Una chomba color gris con dos botones blancos abrochados simétricamente, un pulover negro que se camufla con los pantalones y los zapatos del mismo color. Los zapatos son un poco más negros que el resto y están atados con un solo nudo que a su vez coincide con una cuerda blanca que veo bajo el sillón.
El sillón queda en la misma esquina pero prefiero no sentarme. Me ubico cómodamente entre el sillón y la estufa, de espaldas a la pared, poniendo mis manos sobre la estufa con las palmas que tiemblan mirando a la pared que también tiembla como las manos.
La casa cruje, la lluvia llueve. Ya pasó un rato desde las primeras gotas.
El rincón es una presencia más en la casa, casi como la lluvia. Yo estoy en la primera fila del rincón, vestido de negro pisando la cuerda, mientras el nudo de mis zapatos pisa mis pies y los botones mi cuello.
Sin embargo en esa escalera de nudos y pisadas, presión tensa por desatarse o tirar de las puntas hasta explotar, hay algo por fuera, algo más intenso. Un nudo.
La garganta trabaja lentamente intentando digerir al rincón y a la lluvia. EL nudo de la garganta sabe de la cuerda y de la lluvia.
Ahora recuerdo porque no me siento en el sillón de la esquina, la lluvia me lo dice junto con el claro de luz que pega en el portaretrato.
Acá nos sentábamos, allá está tu foto.
Ahora recuerdo el ritual y la cuerda.
El recuerdo todojunto me hace sentir con ganas de salir a la lluvia, de llevar el rincón afuera y gritar a la tormenta, insultarla y preguntarle las gracias y desaparecer. Pero las manos tiemblan como las paredes y la casa mira tu foto desde el rincón. Especialmente en los días de lluvia, aunque afuera el sol raje la tierra.

Debajo de las alfombras mágicas también hay basura que nadie quiere barrer.

cosas de soñar

A veces sueño que sueño.
Despierto dormido, imagino dentro del sueño que puedo despertar.
Abro los ojos y sigo soñando.
A veces pierdo la noción, me pierdo en los planos, me confundo de escena.
Lo irreal tan neblinoso y lejano se vuelve concreto, lo real con sus leyes se vuelve refutable.
Cierro los ojos y sigo soñando.
Pregunto a la imaginación. Protesto. Repregunto y protesto.
"Las cosas no son sólo como las veo. Quizá ni siquiera son o ni siquiera las veo. Las cosas son indefinibles, esa es su definición. Las cosas son como son".
Despierto al último plano, el mismo de siempre: Ahora.

En la contradicción de aceptar las palabras, duermo al tiempo en una bola de cristal leyendo un cuento sobre "El crear de lo inimaginable". La bola la arrojo al mar y en ese mismo momento me doy cuenta, me percato, me encuentro ante la inesperada situación de saberme soñando: no puedo dormir al tiempo, no puedo volar sobre el mar.
O si?
Cierro los ojos.
Los abro.
Estoy en el mismo lugar, y una parte de mi sentado entre cubos pregunta, escribe, me escribe, sueña que crea lo inimaginable, justo en el mismo instante.
El mismo instante eterno, infinito, irreal: Ahora.

Los segundos martes

Ayer, lunes feriado, recibí otra carta de Mr. Svenson.
Textual transcribo:

Estimado:
Encontré en mi puerta un baúl de madera con apliques de bronce. Dentro tenía una carta y un ovillo sin puntas. El ovillo era de lana color azul, azul marino. En medio de sus nudos tenía enmarañado un pequeño papel que decía:
"Existen verbos tan importantes que me ayudaron a construir mi teoría más cierta: No existen verbos más importantes que otros".
La carta era una suerte de historia sin destinatario. La primera frase decía:
"Ayer, lunes feriado, recibí otra carta de Mr. Svenson".
Atentamente, vos.

Nuevamente esta carta me lleva a un puzzle circular de piezas ficticias: un baúl de madera, un ovillo sin extremos. El bronce azul, azul marino. Los verbos.
Comienzo a creer que el tal Mr. Svenson existe realmente, así en carne y hueso o en bronce o sin extremos. Pero existe, eso creo.
Entonces yo, otra pieza, otro ovillo buscando sus puntas en una carta sin destinatario. Yo soy el tácito destinatario, yo azul, yo en un baúl de madera.
Ahora recuerdo, un acertijo sin salida, el mar, yo era Mr. Svenson escribiendo una carta y tirándome al mar, azul, azul marino. Yo Mr. Svenson en un baúl de madera escribiendo una carta.


El punto esencia del asterisco punk

Los caprichos de Pangea

>Una mañana de lunes encontré bajo mi almohada un poema anónimo.

Decía masomenos así:

Hoy es eternidad, mañana veremos.
Es de azul profundo,
(el punto que absorbe)
Es de amarillo luz, su reflejo.

Es tanto para como por
Tanto dentro como fuera
Incontables capas y (entretanto)
Los caprichos de Pangea.

Uno en el espiral miluno.
Tu papel en el papel / La letra "x"
Y milún senderos de jardín
...
más

Esa manera de respirar
de tu punto azul absorbiendo la luz
(la letra "x") es una menos
de las trilladas formas de decir de nuevo
que hoy apenas somos infinitos
y mañana,

mañana veremos.

Los martes

Hay una puerta, detrás otra puerta, detrás una escalera caracol. Allí comienza un mundo subterráneo donde coexisten una esfera de cielo y las raíces de la raíz. En algún lugar de ese mundo hay un pasaje, confundido entre pasajes, que lleva a un laberinto. En el centro del laberinto hay una escalera entre escaleras que desciende al núcleo. Ahí descansa una bola de fuego que ilumina tres caminos de un jardín que llevan a la misma montaña. En ella espera un puente entre puentes que desemboca en una luna de agua, justo donde se reinventan el eco y los colores primarios. Entre las profundidades del eco nace un pasadizo que conduce al silencio. Ahí conviven una soga, la noche y el más allá. Mas allá hay nada, un par de coronas, el monte Olimpo. Desde el monte se divisa un túnel detrás de un armario entre armarios. El túnel lleva a una calle sin salida. Allí hay una puerta, detrás otra puerta, detrás una escalera caracol.

La respuesta a volver por el mismo camino

En tus ojos color infinito, me perdí.
Remé desesperado por el purgatorio, entre fotos sin luz ni sombra, sintiendo que estaba cerca aunque no viese las puertas ni las montañas ni el horizonte.
Llegué al reverso de las cosas, llegué sin saberlo, y seguí buscando.
De lejos miré hacia atrás (hacia adentro). Era Abril.
En el margen de una hoja escribí con grafito: "afuera la vida sigue, eso es todo y nada se le parece". Luego taché la frase con lapicera y olvidé lo que había escrito.
En un rincón jugue con dos magnetos, entonces entendí que de un lado del polo estaba el todo y la nada, en el extremo los extremos y del otro vos y yo. Vos espacio y yo perdido en tus ojos color infinito. Era Julio.
En mi isla no hacía más que leer. Letras vivas letras muertas, frases en voz baja. Seguía buscando en la distancia entre las palabras la ruta por la que vine, la última estación. Ahí descubrí un tren extraño vestido en sepia. Cuando descubrí de lo que en realidad se trataba le dije: llevame lejos, me bajo en marte.

Hoy es hoy. Busco en el loquero para cuerdos ese libro para seguir volviendo. Me retumba una frase que no recuerdo, que deje tachada en una carta para vos. Ahora, creyendo que las líneas no existen, no me conformo con ir y busco un portal.
Basta de trenes, de infinitos y silencios. Es abril, Esperame.

relflejo de crisis morelliana

_lo que buscás está tanto en un juego de cartas como de palabras.
_no te lo discuto, pero describime buscar.

Julio vive una época tajante, de total aceptación de una incertidumbre real y reinante.

- buscar Julio, la busqueda infinita, el repreguntar las preguntas sin respuesta, encontrar la quinta pata, no me voy a poner a enumerar los sinónimos porque tendría que agotar todas las combinaciones de palabras posibles.
_y las imposibles, sabés.
_estás raro.
_raro, otra para describir. puede ser igual, suponiendo que hablamos el mismo idioma. siempre suponiendo. Ponele que tengo una crisis morelliana.
_me interesa.
_exacto, a mi también. ese es el problema. es como sentir la necesidad de construir mediante la destrucción sabiendo que da igual. a ver, haber. no es de hoy el sentirme sobrepasado, tanto de palabras como de razones como de signos de pregunta, sin embargo, en este agotamiento encontrás otra vía y te metés a la fuerza, como negado y sin embargo de nuevo escribiendo conversaciones con la esperanza (que nace muerta) de encontar algo.
_la esperanza muerta? sabés que vas a encontrar otra pregunta.
_es lo mismo.
_entonces llegás de nuevo a que todo es lo mismo.
_exacto, agarré una rotonda, circulito Borges, mañana despertás de nuevo, el amanecer es gratis y asi seguimos. Como mis respuestas a vos, Sebastián. Los dos sabemos que toman forma sobre sí mismas, en el momento que aparecen, nacen y mueren. Pero por dentro ambos sabemos que ya vienen armadas, en el taper de comidas para llevar, que te estaban esperando, entonces empezas de nuevo y eso ya lo dijo ya sabés quien y no pienso citar a más buscadores.
_entonces?
_nada, como siempre. o todo y de nuevo. qué querés? me aburre y no soporto este estado. es como insoportable, porque además de que se te pega a la piel y lo ves rebalsando de ese vaso, en el maullido de ese gato... mirá, es negro el gato, parece mentira.decía, lo ves en todas en todas partes y me altera que se te ría, que no se deje y se deje, te responde Ahora, cuando uno pregunta Porqué.
_me parece que te das mucha manija. no te culpo Julio, pero si cambiás la cara podés seguir buscando igual. al fin y al cabo, vos sabés que mañana es martes, nueve horas de 9 a 18 y menos mal que tenés una en el medio para almorzar, y no nos olvidemos del vaso con agua ni bien te levantás.
_totalmente. pero ves? vos te das cuenta? parece un chiste, porque mañana me levanto y hoy sigue estando en mi. yo me voy a servir ese vaso con agua, lo voy a disfrutar sabiendo lo hipócrita que soy, sabiendo que hoy mañana es ayer, y yo voy a ser el mismo un poco más viejo, cambiando estó que pica y me entretiene por nueve horas de corrido. eso sí, con una bendita hora para almorzar. a lo mejor en el baño me acuerdo de vos y me cambia la cara, si tengo tiempo.
_otra que crisis morelliana, lo que vos tenés es un capricho de verdades. vos me enseñaste que todos hablamos un idioma distinto, que nos entendemos para complicarnos la vida. ahora estás perdido en eso que tanto cristicaste, ahí tan lejos, vos y tus preguntas.
_te referías a la soledad?
_peor que eso, la soledad no te la critico, todos somos solitarios, algunos sonrien más que otro o que una fiesta o te traje un presente. pero adentro están solos y sabés a lo que me refiero.
_las charlas espejo, pestañas adentro. sí, ponele.
_a veces te veo tan entendedor que me parece mentira que yo te escriba o que vos sigas buscando o que a veces te quedes callado o saltes con una frasesita estética para conformar a oidos sordos.
_te respondo en dos palabras: iN presionante, ahora con una venganza crítica sobre sí misma. me aburrís che, que si tenés que decir algo lo decís, dejemonos de joder que nos conocemos, y somos pocos. casi más que uno, casi menos que dos.
_ahi estás de nuevo. en fin, me refiero a tu papel de autosuficiente, de desapego. eso de adiestrarse a la idea de no tener ideas, de separarse conciente y espamentosamente de lo que querés y no te animas o no sé.
_"espamentosamente"! pero que te pasa ahora? si te respondo es porque no tengo alternativa o no sé. vos estás poniendo en nada la N mayúscula. yo no digo nada. ni siquiera creo en decir las cosas. Justamente eso mi querido.
_en no decir lo indecible? lo indescifrable? ahora si estás morelliano. siempre fuiste muy influenciable.
_habló mi padre.
_no hablé. dije.
_ahora la crisis la tenés vos.
_no transformemos esto en algo que no es. o si, capaz. ahora me hacés buscar a mi, te das cuenta? otro círculo y ahi vamos. esas conversaciones espejo de las que hablás, me dan un poco de asco cuando salen, cuando se dicen. creo que es porque el hecho de que sean indecibles hace que alguién como yo las transforme en este mamarracho. con una subjetividad de autobiografía, una verdad a medias, un comentario de madre. y vos tenés la culpa.

Julio se rie con ganas.

_yo? exacto mi amigo, pero dejame decirte que lo que decís no es ni siquiera lo que decís. estás aun más lejos, es como citar a otros, a esa partecita y en un "es como dice mr. x" (perdón si mr. x existe pero nunca me gusto fulano), sentirse irrespetuosamente con la caradurez de repetir, a veces hasta literalmente(!), lo que dijo un otro, otro mundo en otro tiempo después de otras palabras, otros parientes, otra infancia, otras charlas espejo. (1)
_vos sos quién solés citar a cualquiera.
_justamente, pero no te confundas. siempre hay algo detrás Sebastián.
_siempre lo mismo.
_describime siempre.
_chau Julio, no cambiás más.

Julio desapareció. Sebastián escribió un texto y fué a jugar a las cartas.




(1) este párrafo pertenece a otro autor.

el presente

un cuarto oscuro.
el silencio y un cuarto oscuro.
todo es posible, siempre fué ahora.

una pequeña cosa.
única, maravillosamente pequeña cosa.
todo es posible, siempre sería ahora.

una casualidad.
un encuentro broma de la casualidad.
todo es posible, siempre puede ser ahora.

una calle sin salida
necesitás escapar a una calle sin salida.
todo es posible, siempre será ahora.

un nacimiento
estalla hiroshima y a la vez un nacimiento.
todo es posible, siempre es ahora.

ahora y siempre

será que me quedo sin palabras, que no puedo decirlo de otra forma.
quizá son mis oidos faltos de una voz, o mi mente falta de esa actividad.
también puede ser que antepongo a mis ganas un marco de verdad sin nombre, un perro tras su cola, una busqueda infinita.
me dije que la palabra filosofía comienza con amor. me dije que todo es símbolo.
me dije sin voz, casi sin saberlo ni decirlo, que no sé nada de mi.
que quede claro que es el sonido de las cadenas el que me despabila, es el punto de partida, porque lo escucho, lo presiento. en la zona de pestañasfrontera, hay una ventana de ruidos, de materia impenetrable, de recuerdos. un sonido de cadenas, de una celda de respuestas-fantasma, sueño de sueños, mentiras que no existen.
y te miro y me digo nuevamente: todo es posible, ahora y siempre, es por eso que los puntos finales no existen. puntofinal.

ponele

una caja, una caja con cientos de cubitos de hielo.
cientas de vidas cubitodehielo.
frias, geométricas e imperfectas.          individuales.
una rutina de golpes, tosca y de ruido. no de música. de ruido.
una caja, un caos.

un hielo sueña un sueño profético: "lo que sigue es la unidad".
se despierta en la caja y piensa: "que sea vapor, luego viento o que sea agua, luego lluvia. pero que nunca sea un bloque de hielo, que nunca gane este frio calculador una unidad a la fuerza de estos cuadrados deformes que sueñan con cuadrados perfectos".
cubitodeBrindis.cubitoPicasso.cubito inocente de saberse en una caja.
una caja.

cubito cierra los ojos, quiere aprender a moverse, quiere demostrar que se puede, con la esperanza de que el movimiento se extienda, se torne rítmico y amenaze a la caja hasta que caer, abrirse y salir al sol o a la tormenta, para, en un acto único e inimaginable y casi heroico, cambiar de estado.
una caja, cambiar de estado.

lo cierto es que afuera quizá a cubito lo espera una caja de hielo que recubre a la caja, lo cierto es que los cubitos de hielo no piensan, y por eso no temen.

_un cuba libre por favor.

que Ironía.-

Del Punto a la A

Queda claro que la palabra no es la cosa.
La cuestión está en esa otra cosa en que la palabra puede convertirse a veces.
De esta manera, todo es posible.
Infinitas posibilidades correctas, infinitas verdades aceptables. Pero que quede claro que cada posibilidad y cada verdad es un naipe. Es un castillo de naipes. Que quede claro que el castillo puede ser inmenso, puede tener rincones insospechados y seguramente un lugar muy alto casi inaccesible. Sin embargo a medida que nos movemos abriendo miles de puertasnaipe o palabrasnaipe, nos damos cuenta de que todas en un punto son iguales, todas están sostenidas sobre una mesa incuestionable, responsable de cada carta sobre sí misma.

base-pilar-estructura
in cer ti dum bre

Incertidumbre, la más simple de las respuestas políticamente correctas: no lo sé.
Mientras crea que mañana es mañana, en algún rincón de mi pensamientomundo existe la palabra desconocido. Y ésta es sólo una posibilidad.
-Tantas cosas se disparan en esta mente sin dios ni reyes, una anarquía en caos, cada palabra un mal necesario. Tantas cosas inevitablemente entre signos de interrogación.-

Entonces la necesidad de aprender, de liberar, de alcanzar el punto cero, valiendome de erroneos pero reales conceptos (estirar, llegar ahí, rapiñar esa conclusión y volver).

Por ejemplo:

>El período de tiempo comprendido entre mi nacimiento y este momento, se corresponde exactamente con la distancia que me separa de mi verdad silencio, de mi limbo sin nombre. Quizá ella sea parte de la conciencia colectiva. No lo sé.
Pero sé, que esa distancia elástica estira tensando hasta el instante en que el enchufemente sea desconectado, hasta que la canciónlatido sea finalizada y pueda encontrar en lo que hoy es incertidumbre el botón de reseteo.

Las pocas cosas en las que no tengo dudas o puedo creer están basadas en total desconocimiento del segundo después. Son esos contrastes los que me mantienen aca, esa belleza en donde la palabra se hace cosa y puedo decir que todo lo que dije anteriormente es lo mismo que un Julio cuestionando porqué tantas veces se pide "silencio", gritando.

Entonces la belleza.. La palabra.: Deja de pensar.a Despierta.A

Mis memorias del espejo perfecto

Aún recuerdo la primera noche en que soñé con el espejo real, el espejo perfecto. A diferencia de los falsos y corrientes espejos conocidos, éste no invertía nuestra simetría imitando a la perfección cada movimiento, sino que Era el exacto retrato mío en tiempo y forma, casi dividiéndome, casi duplicando mi ser, podía verme exactamente Yo en ese espejo, cada detalle, cada gesto. En otras palabras, cuando yo movía la mano izquierda, mi reflejo movía la mano izquierda. La razón fundamental para que esto sucediese es que el espejo reflejaba mi cuerpo de espaldas, como a unos dos metros del espejo, como una filmación mia desde atrás, como verse en tercera persona. El particular funcionamiento de este espejo, que no dejaba de parecer más que un juego imposible, me llevaba a la más obvia y simbólica y obligada frustración: no podía mirarme a los ojos. Claro que lo intenté, con la máxima velocidad que me permitían las piernas y la cadera, en el sueño giraba y miraba para atrás, pero solo había una pared blanca. Entonces probaba girando al espejo con mi cuello y la mirada velozmente se encontraba con mi nuca y ese doble tan igual a mí pero sin ojos sin mirada sin alma me jugaba una broma siniestra: era yo, ahí estaba, pero no. No se me permitía la mirada, ese portal a uno, esa ventana, no podía saber si yo era yo. Esta situación pudo durar minutos horas o semanas, imposible determinarlo. Me dormí el domingo a eso de las once y eran las ocho del lunes cuando sonó el despertador, tan fuerte y estruendoso que destruyó al espejo.
Por la mañana me divertí pensando en mi noche; había sido como permanecer despierto en un acertijo o un juego de espejos. Me sorprendía la nitidez con que podía (y puedo) reconstruirlo, por lo general toda la nebulosa se iba volando con mi despertar dejándome solo algún vago recuerdo.
El segundo encuentro con el espejo fue unas noches después. Estaba en la misma habitación, la pared blanca, yo (vestido de negro y logré recordar que también en el primer encuentro vestía de ese color), el espejo y la conciencia divina de saber que unas noches antes estaba soñando con eso, pude entender siendo soñado que estaba soñando; ahí estaba yo, mirando una pared blanca y luego un reflejo de espaldas que imitaba cada movimiento de mi cuerpo, lúcidamente. Esta vez, ya obstinadamente atormentado por la conciencia, me sentí atrapado en el espejo, como si fuese yo un reflejo escondido en una habitación imposible entre un espejo y su marco, entre la arena y la pared, imitando los movimientos de un verdadero yo cuando camina, cuando se mira, cuando se ve. Pensarlo de esta forma me dio escalofríos. No podía ser cierto, yo me movía a mi antojo, es cierto que en un espacio ínfimo, pero era yo mismo quien decidía el destino de mis dedos de mis pies de mi vista. Sin embargo sin embargo, quién sabe el porqué de cada movimiento, más aún quién lo sabe en un sueño; y ahora, atento, despierto, escritor, me digo que si realmente sentí eso, si realmente puedo recordarlo, estaba en lo cierto, no tenía la menor idea.
Claramente pude verme ahí, en esa nueva postura, parecía imposible pero empecé a creer: Ese verdadero yo, era en realidad otro yo del que soñaba. Se volvió firme la idea de que era inconscientemente yo quien imitaba los movimientos de ese tras el cristal, sin que me viera, y si me veía yo no lo sabía y debía ser cuando miraba para atrás y en ese caso yo era un reflejo perfecto y sólo por casualidad, alterando a mi antojo los movimientos de mi creador siempre que estaba en mi campo de visión o dejándome alterar por una mano invisible y los mejores actores nunca vistos, los que actúan el guión sin saberlo y todo era una locura sin explicación.
A la mañana siguiente me sentía excitado, sobresaltado por esta nueva experiencia. De alguna u otra forma, sin proponérmelo, había experimentado un sueño lúcido y de lo más extraño, yo mismo era un reflejo, mi propio reflejo, y podía recordarlo.
Hoy me doy cuenta que lo que realmente sentía era una incertidumbre asesina de mis días; las siguientes horas días semanas no podía dejar de pensar en eso. Una y otra vez lo analizaba, para mis adentros, sin comentarlo con nadie, al fin y al cabo era especial para mí pero a los demás podía parecerles una tontería, tal vez no tenía a nadie para contarlo, quizá esa era la causa, quizás yo estaría cuerdo.
No sé cómo explicarles la sensación de esa segunda noche; si pudieran entender que en mi solitaria búsqueda de buscar fue tan clara y mágica entenderían porqué comencé a alterarme en las mañanas en que despertaba como siempre, sin recordar nada. No me valgo más que de estas líneas y son lo más exactas posibles.
Pasaron un par de semanas, mi vida, mi vigilia y mis sueños volvieron a ser como antes.
Intenté con leche tibia y miel, intenté con alguna pastilla y con algún whisky, comencé a dormir más horas, casi no salía de mi casa. Mi vida había sido una desazón total y siendo la primera vez que tenía una señal tan clara de estar cerca de algo, tan cerca de mí, no podía olvidarme fácilmente. Tuve el presentimiento ineludible de que en esa sala estaba la respuesta que estaba buscando y por única vez en mi vida iba a tener el valor de dejar todo por un presentimiento.
En sí, siempre había estado en busca de una experiencia distinta, quizá lo tomen como una locura, una estupidez, pero nunca me convencí por el estilo escuela estudio trabajo familia asado de domingo. Buscaba algo más pero sin salir a buscarlo. Es por eso que cuando esa noche apareció, yo desaparecí.
Me refugié en las sierras, en una casa familiar, a leer algunos libros sobre sueños lúcidos y enigmas y el tercer ojo, filosofía, cabalismo y hermetismo y quién sabe cuántos ismos.
Calculo que nadie se preocupó mucho por mí, ya que los meses que pasé allí fueron en total soledad sin interrupciones al estilo "Julio qué te pasa? tenés que volver a la oficina te van a echar, estás raro".
Me instalé cómodamente en la casa, era antigua y acogedora, conseguí provisiones para un largo tiempo y comencé a escribir en una agenda mi experiencia día a día creyendo que podría ayudarme ver los progresos.
En los libros encontré un mundo desconocido. Primero fue adaptar mis sueños a un aparente contacto con mi Yo superior, una "bajada de información" o una señal, vidas pasadas, un dato importante, el karma. Luego fue comenzar con meditación y ejercicios intentando visualizarme en ese lugar. Nada me contestaba lo que necesitaba, nada me devolvía a la sala, pero me sentía tranquilo, estable rumbo a eso.
Con los días los progresos fueron sorprendentes. Después de algunas semanas de incómodas posiciones y fallidos intentos de concentración, fui percibiendo una tranquilidad única. Comencé a relajarme mejor, a sentirme más, cómo decirlo, suave, sutil. Todas mis horas las dedicaba a mi determinado proyecto.
Aproximadamente a los dos meses ya sentía que podía visualizarme perfectamente vestido como esas noches con el espejo, pude hablar conmigo mismo y hasta dejar la mente en blanco y sentir como si estuviera en la sala viéndome la espalda, esa sensación única de mi brazo izquierdo extendido y ese reflejo haciendo exactamente lo mismo.
Volver a soñar con la sala era cuestión de tiempo.
Si bien nunca supe si lo que encontré fue lo que esperaba, debo admitir que fue más que interesante el camino por el que me llevó la pared el espejo y mi brazo izquierdo. Con el tiempo aprendí a no sufrir mi soledad, aprendí a aprender de ella. Disfrutaba cada mañana y por sobre todo ese segundo antes de dormirme. Los intentos de meditación me dejaban tranquilo, sereno, en paz. Aprendí a llevarme conmigo, a llevarme puesto, a sacar de mi cajón de verdades las que creía reales y descarté las que ya no necesitaba.
Ya consciente de esto, ya en armonía, ya libre, un tormentoso día en ayunas de agosto me llevó a una noche en que me dispuse a realizar un ejercicio mientras afuera llovía como nunca. Ahí estaba yo, Julio, ese solitario y depresivo, mirándose en un espejo con la luz de las velas, mirándose a los ojos a la frente a ninguna parte: era otra persona, tal vez más relajada, tal vez más iluminada.
Luego de unos cuarenta minutos de viaje extrañísimo e imposible de describir, me recosté en el piso y cerré los ojos. Intenté visualizar a uno de esos millones de puntos que bailan en la oscuridad de los ojos cerrados. Me posé en uno en particular, me concentré. Al cabo de unos minutos estaba yo dormido, de nuevo en la sala en que todo comenzó. Sí, yo, Julio C. Pollet, vestido de negro, mirando la nuca de otro Julio C. Pollet, quizá el verdadero o el falso o el mismo. Comprobé que se movía a mi antojo sin pensar mucho mis movimientos. Esta vez disfruté de la estadía, inspeccioné toda la sala, las paredes blancas y el espejo, el suelo negro, recién hoy reparaba en el suelo y era negro, como la noche como el espacio. Me acerqué al espejo, Julioreflejo se alejó los mismos tres pasos, golpeé el cristal suavemente mientras ahí a tres pasos hacía bailar mi puño en el aire, como un maniquí o una marioneta sin hilos.
En mis días en la casa de la sierra había llegado a la conclusión de que lo que yo buscaba saber, lo había interpretado siempre con un pequeño conjunto de preguntas: qué, quién, cuándo, cómo, dónde, por qué. Sin embargo llegué a creer que justamente por eso no daba en la respuesta, seguramente la pregunta que yo necesitaba hacer no existía. Eso me había llevado varias páginas de mi agenda, con símbolos y líneas y signos de interrogación y nada en particular.
Al momento de recordar esto en la sala del espejo perfecto, tuve la necesidad de no hablar, de no emitir sonido, pero me fue inevitable acercarme, apoyar mis meñiques en el espejo y mi boca casi tocando el cristal y los dedos en mi cara y en secreto pronunciar(me):
_todo, vos, ahora, como debe ser, acá, porqué tiene que ser así, porque te amo, porque no somos nada.
Casi puedo afirmar que ni siquiera usé el mismo idioma para cada palabra, ni siquiera para cada letra, fue una frase acentuada en todas partes, como una clave.
Al instante fue un instante: yo, ahí del otro lado, el lado b, me di vuelta, me ví, por primera vez me ví, ví mis ojos universo, ví mis ojos todo, ví mis ojos materia inservible, ojos inevitable, ojos dios, ojos luz.
Atrapado como el primer día, pude ver a un Julio que se iba de su cárcel regalándome una mirada, se iba sin más, libre de mí mismo. Me quedé solo en la habitación viendo pasar el tiempo hasta que desperté.

Era una mañana de martes, afuera estaba la sierra y el pasto y las flores. Todo era amarillo campo y hasta el cantar de los pájaros era más normal que de costumbre.
Si tuviese que utilizar sólo una palabra para describir lo que sentía era paz.
No me quedaba claro ni el porqué de esa noche, ni lo que encontré; todo era confuso, hasta mi actuar en la sala y mi yo en esa casa. Pero estaba en paz; a la respuesta no la podía describir pero la sentía.
Tantos años quise ver para creer. Luego aprendí que necesitaba creer para ver. Después fue la crisis, no sabía en qué creer. Pero llegó ese espejo, llegué mi, llegué dentro.
Hoy martes siete de agosto de dos mil uno, son las tres de la tarde. Esta es mi última página de agenda, y quiero que sirva para dejar fiel testimonio de mi felicidad, de mi experiencia y fundamentalmente de esta extraña situación, en que escribo mis memorias y levanto la vista y veo, en el espejo del living de esta antigua casa, a Julio C. Pollet de espaldas, yéndose, dejándome solo con un pedazo circular de vidrio de arena vacío, dejándome en ningún lugar y en absolutamente todos al mismo tiempo.

Buscarte casi un juego

A Elita



Me aturdí levantado. Salí un café y saboreé a la calle.
Hacía viento.
Destiné sin camino.
Hacía viento.
Me escribí, te detuve y me banqué en el siento de una plaza.
En una escritura hojeé: "Te escucho afuera esperando música, veo que hace mucho que no te siento, te desespero extrañamente".

De parecer arrepentiste.

_Que bueno que llegaste, salvo el viento el resto no tenía sentido.

_Vos y el viento mi amor, siempre lo mismo. Yo también te extrañe. Helena besó a Julio en la frente.

Julio se pierde otra noche



Julio se pusó el sombrero y salió a caminar. Eran eso de las once, la luna vestía de minifalda.


A Julio le gustaba usar sombreros de noche, sin saber bien porqué, sentía una complicidad con la noche por el mero hecho de ir con sombrero y sobretodo, sentía que era el vestuario exacto para la historia que dibujan la luces de faroles y esquinas.
En una plazoleta entre grillos y desierto Julio se detuvo. Se sentó de frente a la luna.

Anotador sonrisa birome. Decía mas o menos asi: "Ese extraño movimiento de mi cuerpo al compás de tu música, es más que sensibilidad sobre alguna nota perfectamente ubicada, es más que todos los mares. Esa dependencia de caminar lo indescriptible excede tanto a mis decisiones como a mi suficiencia y vos no necesitas decírmelo. No tiene sentido."

Julio garabateó un cielo sin mucho talento. Abajo continuó:

"Estuviste para egipcios para griegos para cruces, estuviste cada día, que ironía. Toda conjetura que yo haga va a ser tan absurda, tan vacía, tan circo de mal gusto... Desde el vamos y escribir en primera persona y los puntos suspensivos, que desagradable. Listen to me please, escuchame sí! date cuenta que no puedo gritar. Ni siquiera,(si quisiera), puedo darme al arte de gritarte los más obscenos insultos.
Que infantil, que mentira para chicos, que necesidad.

Ahí, diciendo que te llamás silencio, luz y silencio, me convencés de que haga lo que haga va ser tan insignificante como indispensable, putas palabras, pero es así, no hay otra combinación (al menos hoy), y yo sentado en una plaza y tu luz de luna de mentira me mira de frente, no de reojo como nena avergonzada, sino de frente, con la mirada clavada en mi incertidumbre, in in in, cada vez son más y más adentro.
Cada pieza de esta novela con nombres que dan asco y vos me miras la mirada y pareciera que brillás más por eso.

Entonces entre un gracias y un te odio, tengo que dejarme caer y ver la hora."


Julio miró su reloj y dibujo un cerocero con un prolijo ejemplar de esos con arena dentro de cada.

"Una X, un espejo de un cáliz, las raices del tiempo, lo que es arriba es abajo y la puta metafísica y ya escribí puta dos veces, tres. Por más que escriba mil palabras la luna seguirá brillando, eso me lo explica el reloj, sea la hora que sea, aunque camine toda la noche o me arrope en la marea.

O capaz no, y por eso estoy aca, preso conciente de la carcel de las puertas más abiertas, en el jugar por jugar, en la versión acustica de las palabras que nunca más voy a decir."

Julio regresó a su casa, perchero sombrero sobretodo, su cama su muerte sus sueños de vigilia. Fué una noché más, otra noche más. Julio sintió que era otra noche perdida, yo mismo escribiendo esto sentí lo mismo.

Pero que tal si todo se esconde en

Catársis positiva de una vida incompleta

estoy a cuatro segundos del velador
luz naranja

La noche y auriculares y esa sensación de necesitar pasar unas horas perdidas sintiendo en cada poro la importancia de perderlas.

A veces perder es encontrar. A veces las frases son un chiste de mal gusto, el absurdo más absurdo, y sin embargo, conforman una realidad tan simple, clara y a la vista, que la vida parece una mentira muy bien contada.

y nosotros seriamos letras, nuestros días un idioma. Mirás para atrás y no sabés que idioma hablas?

Somos dos. Somos miles.

Entonces... que lindo saber todos los idiomas. Ser por ejemplo un monje o una tortuga, un diente de león o un alfiler.

Y salgo de la vuelta de mis ojos y vuelvo, leo nombres, nombres de personas, de idiomas que se entrelazan con el mio y lo hacen más complejo y puro a la vez. Miro los relojes y el cielo que me dejan sentado en el rincón de un siglo, en el rincón de una habitación de espaldas a un velador y su luz naranja.

De pronto, pensando y sin pensar, aparecen las razones las hipótesis los laberintos. Aparecen con ellos las lecturas las obsesiones la necesidad de saber.

Dibujo el camino, el camino central, la columna vertebral. Sin embargo los colores y todo eso que puedo hacer con ellos. Y dibujo espejos y me meto dentro. Pinto relaciones y me sumerjo. Todo me parece maravilloso, hasta lo más atroz. Y muchas veces me quedo transpirado en un reflejo dudoso mirando la ruta perdida, solitaria de mi. A veces virgen, otras aburrida, prefiero inexplorada.

Soy tan culpable de mi contradicción como vos. Soy tan inconciente de mi situación como vos, aunque escriba mil certezas o me ahorque o te diga que te amo.

Los auris me retumban y un ataque de recordar y poner mil corcheas a velocidad máxima y era tan chico. Y eso me puso aca y saber lo que queda todavía por dibujar. Porque a mi idioma le faltan muchos retoques, hay un tiempo futuro sin verbos y una luz naranja prendida. Lo mejor va a ser duplicarme y llevar las pupilas de nuevo cama adentro, a la vuelta de los ojos y estirar la mano.
Un cable, un botón, Click.

una de la distancia







Que distintos son los significados que encuentro en la amarga existencia de la distancia. Amargas las palabras los kilómetros el cielo, pero lejos lejos el sol brilla por igual. Amarga la presencia que depende de mis ojos de mis huesos de mi carne, imposible y amarga la presencia acotada a un margen que es centro para ser rincón mañana. Amargo el sabor de esta miel de verano, un amargo increible y único y la distancia tan cerca, tan rugoso (diagonales!), tan difuso tan claro.
y abro los ojos... blanco.
y ahora que los cierro estás cerca y mañana será mañana para siempre y la distancia no existe cuando queremos.

Entonces los nuevos significados son dulces, no son claros pero no importa, que daría por perder desde ahora a la importancia y por un segundo sentir, como vos como yo como cuando amamos las líneas porque no queremos que existan, que cada átomo de tus ojos mire al cielo con los ojos de Whitman, que son esa amargura diciendo gracias por existir.

3
2
1
1000

Hoy no me hace falta darle vueltas a las plumas y a los símbolos y las historias de colores, porque son lo que son y con eso me basta.
Gracias

Julio encuentra una botella con un pergamino dentro

Yo creé un día el término pergamino. Creo que fué después que se me ocurrio la palabra botella. Claro que antes apareció dentro, ni hablar de la línea numérica.

El mundo de ideas es un mundo de palabras, de hecho Idea es una palabra.
Partiendo de esta afirmación yo entiendo y explico al mismo tiempo la relación entre ellas, y entre ellas y lo que representan. Puedo plantear por ejemplo, la utilización de la palabra palabra para describir a los vocablos conformados por secuencias de letras separados por espacios y/o signos de putuación y/o silencios y/o según sea el caso. Como ésta, infinitas (realmente es infinita la combinación) de representaciones, igual o peores o buenas, puedo ser o crear o recrear, pero al fin se convierten en absurdas desde el punto en que explican lo que son utilizandosé a sí mismas sin saber de donde vienen ni con la conciencia de eso, como nosotros desde algún punto, como las ideas quién sabe.
De la misma manera soy también todas las explicaciones que quiera dar, yo soy las ideas; la única diferencia es la capacidad de fundamentación y descripción que tenga para lograr una buena significación de la misma. Sin embargo en este punto es cuando yo mismo dejo algunos casilleros incompletos; el hecho de necesitar a la retórica para avanzar en el conocimiento hace que pueda plantear la duda total, en este caso, sobre todo lo que pueda afirmar o negar. Por ejemplo en el caso de las ideas, puedo inventar que una idea llega a, digamos, una mente y procesos químicos y neuronas y conocimientos y eureka la idea puede ser formulada, planteada y expresada por diversos medios. Puedo asegurar que la expresión siempre es posible con palabras y al que lo niegue le regalo las "con palabras no se puede explicarlo" y listo, al fin y al cabo se refiere al mismo inexplicable y es casi lo mismo que si encontrara la explicación justa, nunca podrá plasmarlo como lo ideaba y siempre sera un casi. El vacío erróneo en este contexto está, justamente, en que nunca podré expresar a esa idea exactamente igual, porque yo mismo soy "los iguales los exactos lo idéntico, a través de la palabra no existe. Yo estoy, al igual que la verdad, presos de las palabras, fundamentalmente en la palabra existir". Entonces entonces, es necesario el término "Infinito", noble y bendita secuencia ya utilizada en este texto que se da como resultado de total totalidad en un plano de desconocidas dimenciones pero escasos recursos, una palabra superlativa y a su vez tan ínfima, una buena idea, una contradicción; me dejará más cerca pero a su vez infinitamente lejos.

Mi sistema es por su parte inverosímil, reglado y con estructuras, diverso en idiomas (ver palabra idioma en diccionario amigo) y hasta en tonos, formas e instantes y segundos y lugares.

Un día inventé la palabra metáfora. Un gran problema, todo puede ser metáfora, todo es metáfora, todo es mucho menos que eso.

Como por arte de magia, como las ideas llegan a tu imaginación, obtuve el poder mágico de tangibilizar mis palabras, sí, un día yo mismo podré decirme yo desde las cuerdas vocales, mientras puedo hacer que vos digas vos, porque recibí la milagrosa capacidad de representar a cada palabra con materia y energía digamos para un francmasón cualquiera. La cuestión es que pude construir casas: sí, pude generar para casa una construcción con sus ventanas y sus puertas, con sus rincones y cielo rasos y todo eso que conocen y a su vez pude crear para hogar también tantas características (tan distintas) como Sus ventanas y Sus puertas, Sus rincones! y cielo raros y todo eso que tanto conocen y a su vez. Pude crear la diferencia esencial entre ellas, pude crear los paralelos sin forma.

Obviamente se entiende que antes tuve un arduo y complejo trabajo que hacer, porque antes que una casa obviamente yo necesitaba un ser humano, luego pensar, luego el fuego, luego luego. Eterno juego al que aprendí jugar sin tener el libro de instrucciones.
Cómo me divertí con algunas, ni hablar con experimentar.
Hoy ya no me divierto tanto, la bola de nieve no la puedo frenar y si tomamos esa sucia frase como literal puedo decir que ya me he salpicado de nieve los ojos. En fin.

Siempre tuve problemas en tres aspectos de alguna forma relacionados que voy a enumerar por comodidad y ejemplificar para mejor entendimiento:

1.Tiempo y Espacio: Un día en letras de un joven "la ironía ya no salta, está pegada en la planta de mis piés, a veces me pica y obvio lugar me rasco y me pica más, puta ironía".
Otro día un viejo dice que por culpa de la conjunción de un espejo y una enciclopedia me descubre a su manera, y hasta me pone nombre y lugar de nacimiento. Me crea, me concibe mi propio hijo, quién más que un mago de la ironía.
Ese "otro día" es pasado, pero el joven lo lee y lo hace real en su memoria un día cualquiera de 2010 haciendo que el texto no tenga tiempo, que el tiempo no tenga tiempo.
Un otro día el joven dice que el tiempo no pasa, que "el que pasa es él y a cada segundo", mientras mira una foto del viejo tomada en la misma habitación que se encuenta el joven diez años atrás, haciendo que el viejo no tenga espacio, que el espacio no tenga espacio.
No sé si identifiqué muy bien las palabras tiempo y espacio en el planeta, ni siquiera se exactamente que papel juegan aca.

2. La polaridad: principalmente la división de bien y mal es la conflictiva (luego se trata de polos constantes en un sistema justamente binario pero donde yo solo creo un extremo del paradigma en un tablero para dos, donde el número uno no existe pero ha sido inventado). En la estructura metafísica del universo creado, conformé palabras cargadas de información vibracional positivas y negativas que a su vez fueron creando a diversas materias, átomos, edificios, sensaciones, números, espumas; todo esto debía mantener un equilibrio en ambos planos. Sin embargo hay un visible desorden, de patrones repetitivos claros, en que se genera una supremacía negativa que desconfigura el proyecto y no encuentro el error. Pero no es posible que en el mundo entero se piense se diga se escriba la palabra problema tantas veces más que solución. Me está asustando la oscuridad reinante entre una fé cuestionable y las especulaciones.
A veces sospecho del ser humano, yo les di significados ellos se atribuyeron de tantas cosas, y escuche que la magia y escuche que los ritos, no sé, también confío en él o no me queda otra. Curiosa invención el personaje, es para otro capítulo.

3. La Llave: existen infinitas palabras y cada una es infinita. Existe por ejemplo la invisible silencio, existe también la inesperada sorpresa. En un primer momento creí que todas tenían un punto en común, y escribí en ideas: todas son imposibles. Sin embargo (y este sin embargo es prólogo del momento exacto en que renuncio a mi ideológico aposento a cambio de depositar mi esperanza en vos) descubrí que algunos seres encontraron una significación particular, única, ajena a mis posibilidades, encontraron una llave lejos de las letras y las lineas y las explicaciones para la mágica palabra Ser.
Desde el lejano lugar y extraña razón de ser seres humanos, algunos han encontrado una llave a un lugar que yo mismo no puedo ingresar y creo es el paso que me hará lejano a mi mismo, volver a cuando no conocía las letras. He creado miles de palabras para que hombres inventen y reciclen historias y religiones y teorías y la nada y de las más diversas formas, pero algunos, solo algunos han encontrado la puerta que yo necesito: Ser, realmente Ser.

Ya explícitas mis intenciones, me dispongo a despedirme para ser en un primer momento víctima y protagonista (como vos) de mi propio experimento, perder la memoria y nacer-milagro llorando de la panza de mi futura madre, con la esperanza de disfrutar de las palabras y alguna vez, tal vez, encontrar este texto.


Johannes Valentinus Andreä, Tlön, Uqbar. 2020
en este mundo de palabras, entre la costumbre y la excepción, existe la palabra metáfora.

con B

una voz está penetrando mis huesos
ahora mismo y no hay nada que hacer
me hiela, me hierve, la necesito...
y la noche también habla y ya son dos

no sé cuando aprendí a escuchar asi
con todo el cuerpo, con cada célula.
tampoco distingo si me hace bien
simplemente es inevitable como la noche

la voz es una particular voz de mujer
el pecho es el loco pecho de un hombre
todo se cristaliza se aturde, retumba
y son formas geométricas por dentro

signos símbolos llaves maestras
el tono exacto de instrospección
una palabra clara sin nombre, vacía
entre una voz y mi consentimiento

y la noche seguirá hablando con sus señales
la mujer me desgarra la piel sin conocerme
una llave triangular y las ganas y un cristal
y al fin, sin saberlo y a propósito, me poseé

esa voz y la noche y yo estoy como poseido
ido en una pose extraña en un ritual de domingo
en el momento exacto del quiebre, del salto
un precipicio un laberinto y digo basta

Basta!

gris, azul y violeta

-a noelia del mar

como si la guiara un lapiz sin lógica, paseaba una mariposa dibujando garabatos y se dirigía, de pronto, al más gris y lejano banco de la plazoleta.

"Todavía recuerdo ese primer instante. Sabés que soy de los que piensa que el olvido no existe, que justamente la palabra olvido es la puerta que guarda los miles de recuerdos que no llegan hasta que un aire un olor un comentario traiga uno al azar (o no), pero que están ahi, cada imagen cada momento como ese nítido y único primer instante."

la mariposa mueve las alas en el lugar, como llorando feliz la nostalgia de las mil historias de ese frío mastodonte de piedra

"Y yo que pensaba que todo estaba en su lugar, que disfrutaba de conformarme con lo que creía perfecto, yo en el instante justo antes del primer instante, antes de que llegaras. Y llegaste."

ahora retoma vuelo, como una loca y frenética y su vuelo y esa mancha violeta y azul que se mueve de aca para allá, esa mancha que parece regocijada, sorprendida por el mismo aire de hace un instante, ese mismo aire y la mariposa de aca para allá, loca y sorpendida.

"me acuerdo claramente que parecía que flotabas, no era normal (o lo que yo creía como normal; esa lejana normalidad) no era de este mundo; no era de mi mundo. Digamos que hoy reconstuyo mi ser incompleto con los restos de ese mundo, ese castillo de arena tan firme, de columnas y pilares de valores y aluminio, tan sólidos, tan de piedra y vos y tu viento lo dejaron en cenizas, cenizas de colores y vos flotabas."

entre los árboles se pierde y vuelve, siempre vuelve con su violeta y su azul girando entre hojas que se animan y vuelan intentano imitar a esa mancha imposible que ahora se pierde.

"Conocerte puso todos mis sentimientos en una enciclopedia. Sin saberlo tantos años signifiqué el vibrar de mi piel con palabras claras, de líneas y límites, de letras; pero vos, vos. No había palabras, no. Vos llegaste y flotabas y sin decirme nada me dijiste todo, porque vos sabías sentir, porque no te interesaba saberlo simplemente sabías, eras sentir."

aparece y se deja llevar. el viento la lleva y las copas indican el lugar donde ahora el violeta y el azul se tambalea, como luchando pero sin hacerlo, como dejandosé. el viento y la mariposa ying yang, los colores el aire y dejandosé.

"Pero cuando hablabas, como decirte, sin que supieras esas palabras eran uñas en mi espalda, ese juicio sutil, un angel de letras como lanzas y vos no sabías y yo sostenía mis parcas palabras y las tuyas en mi espalda."

un viento fuerte, un revoloteo no programado, un susto y la mancha se pierde volando bajo, a gran velocidad.

"Sin embargo esas uñas eran mías, esas uñas me despertaban y las cicatrices eran lecciones, mi punto de quiebre en que una parte de mi dejó de ser yo para quedarse de por vida en el nosotros, tan volatil tan al aire tan vos."

vuelve pero no, no puede. el viento la golpea y el mismo banco gris y lejano de la plazoleta sin moverse le pega en el pecho las antenas las alas y la mariposa y la mancha caen al mismo banco, frió y gris y las hojas también caen imitando el vuelo imposible de la mariposa casi muerta.

"Las cenizas ya eran de colores y de a poco con tus uñas sin rumbo se fueron transformando en acuarelas. Ese nuevo mundo sin nombre, mundo de agua, fué todo."

parece que se mueve, un esfuezo sobremariposa y la posición, esa posición haciendo arte de un banco frio de plaza como aceptando y agradeciendo su suerte. en un rincón, las alas desplegadas y una postal de plazoleta con el gris el violeta el azul y la muerte que llegará con las puertas abiertas.

"Y yo, claro, no tuve más remedio que amarte y crecer pero odiar a ese tercero; esa parte de mi que tomaba fuerzas cuando estaba con vos y que tanto me molestaba, que miraba atontado el color de tu andar y no me dejaba mostrarte lo mucho que aprendía; esa rabia esa barraera y entonces esa parte de mi también me odiaba pero era inevitable y me consumía en mi y de pronto ni siquiera veía los colores de tu andar y la acuarela se volvió cenizas y ellas arena y yo comenzé a ahogarme en los cimientos de mi antiguo mundo, mundo de agua a mundo de arenas y yo preso y culpable de un amor impar."

de pronto un instante último y la mariposa es mancha. otro viento la vuela, la tira, la escupe por el aire, un último vuelo, un gracias, los colores, una obra de arte y una caída, penosa, agresiva contra el suelo.

"Tan perdido en mis conflictos de alteregos, en mi inmadura relación con mis ganas que deje de verte, te desprecié, olvide todo lo aprendido y vos flotando cada vez más debil y yo que no te veía y no me daba cuenta de nada, mi pobre mariposa, tus uñas que caían, tus colores a pasteles a los blancos a la nada y yo discutiendo conmigo en rincones y vos al lado sin decirme nada, tan frágil, tan mariposa."

ya perdida de vista, seguramente en el polvo con sus colores embarrados hasta que el viento o hasta que la gente y desaparecer o colarse en la basura o un jardin y nacer, con otros colores con otros vientos.

"Ni siquiera tuviste la amabilidad de culparme, de llenarme los oídos a gritos de reclamo y repugnancia. Simplemente actuabas, me regalabas tu flotar y tus colores; y te fuiste en silencio, enseñandome de nuevo a sentir, a ser un miserable pobre diablo que no puede más que soñarte y despertar amargado y tu sonrisa.
Tu sonrisa blanca fragil y eterna a seis pasos bajo este frio cuadrado de piedra fría con tu nombre, de piedra fría y lejana y gris como uno de esos bancos de plazoleta en el que nos sentabamos y me enseñaste a contemplar ese extraño, perfecto y trágico vuelo de las mariposas."

el círculo que subyase sobre si mismo

_a Silvia Zappia

Para aquellos que no me conocen me presento como Sebastián Dativo, tengo veintitres años y una vida y cordura que podemos discutir como normal. Lo cierto es que dicha discución puede poner en riesgo esta normalidad, a partir de ciertos hechos (actos, hechizos, días) que se sucedieron en las últimas semanas.

-Hasta aca es una simple presentación de lo que, en mi vida personal, resulta ser un fantasmal y concreto pilar. Es de su decisión, estimado y seguramente escaso lector, la de seguir navegando por estas letras que seguramente no lo lleven a ningún sitio y se transformen en tiempo perdido. Ya advertidos, prosigo.-

Digamos tres de mayo de este año a eso de las diez. Una mañana desapercibida donde la tarea de ir a revisar el correo (el real, ese de buzones y facturas vencidas y sí, cartas) era la única e inusual responsabilidad. Cierta persona, digamos Hèlene, tenía que devolverme una película y puesto que pasaba por mi casa mientras yo dormía sin saber de la existencia del mundo, utilizaría al buzón como puente y cumplimiento.
Hasta aca todo era aceptable bajo las leyes de lo posible, hasta el mero hecho de que la película estaba ahí como mi amiga había prometido (promesa que cuestioné de casi imposible).

Sin embargo, el buzón tenía otra sorpresa para mi y aca es cuando comienza lo que creo incomprensible.

En el buzón había también un sobre de papel madera que llevaba claramente mi nombre como destinatario y, en su reverso, contenía una firma de un alterego|personaje|desdoblamiento que suelo utilizar para contar las cosas que me resultan tan reales que no me animo a firmar con mi nombre real. -Que ironía hablar de real y de nombres, no es la cuestión pero vale la reflexión.-
Lo cierto es que con una caligrafía que anulaba toda posibilidad de broma, el sobre afirmaba que estaba enviado, alguno lo sospechará, por el trastornado Julio C. Pollet.

Ya en mi habitación y con una ansiosa pero intrigada prolijidad, saqué del sobre una hoja A4 sin renglones pero con una aparente escritura catártica alineada perfectamente en un azul opaco.
En primera instancia no me sorprendí de leer ciertos vicios y manías lingüisticas que suelo cometer al escribir. El emisor era un personaje de mi invención(como yo creía hasta el tres de mayo) y sin duda era mi estilo en pos de desarrollo el que dictaba el texto. El hecho desorientador era simplemente que yo no había escrito eso; además, claro, esto se justificab por mi incompetente capacidad para escribir con tinta y más aún sin renglones.
Lamentablemete para mi salud mental esa primera instancia netamente de estructuras no sería la culpable de la raiz y profundidad de mi intriga.

A continuación transcribiré la carta de Julio tal cual llegó a mis manos. Sabrán entender la impersonalidad que le dan (más en este caso) las letras digitales al texto prolijamente nervioso.
Sin más, la carta textual:

"Digamos que son las dos de la mañana y no puedo dormir. Me levanto, apurado a la heladera y un vaso de agua helada me termina por desvelar. En ese instante fuera de tiempo se me ocurre porque sí la idea de revisar el correo (el real, ese de buzones y facturas vencidas y sí, cartas).
El buzón estaba ocupado y lo que allí encontré me llevó a un terreno nebuloso, puesto que el hecho parecía tan fuera de posibilidades reales que tenía que ser obra de los sueños, uno de esos en que nos sentimos tan despiertos.
Sin embargo yo estoy despierto, el resto de las cosas está en su lugar y creo estar conciente escribiendo esto. Quizá puedas ayudarme.
Sabrás Sebastián que no puedo confiar esto a otra persona, de hecho espero abrir los ojos por la mañana y saber mentira este lapso, pero quien soy yo para juzgar mentira, quien sos vos para hacerlo. En fin.
Son las tres menos veinte y luego de leer y releer la carta que dormía fresca en el buzón decidí escribirte (un poco en presente y otro en un pasado -entederás inmediato-) lo que me sucedió en los últimos cuarenta minutos. No distingo si te escribo para saber si sos lo suficientemente sensible para entender mi sorpresa o si lo hago por una fuerza superior como la que me llevó a revisar el correo. Pensar las razones me lleva a otra vía de preguntas que temo contestar y no lo haré, obviamente, en este momento.
La carta resultó ser de un parrafo y consta (las conté) de 56 palabras. La misma está firmada por un personaje llamado Mr. Svenson que (hasta ahora) creía irreal pero que colmó de obsesiones mis últimos meses, si supieses hasta que punto, si supieras lo que ahora está provocando. El hecho de que nadie sabe de mi fantasía con este imaginario, desecho totalmente la idea de una broma.
Te transcribo textual el parrafo: "Querido Julio, son las dos de la mañana y no puedo dormir. Creo sabes de mi tendencia al suicidio y sabes también, supongo, que necesito vomitar mis verdades en forma de palabras para evitarlo. Por esta razón es que quiero agradecerte hoy por salvarme la vida, gracias por ser el círculo que subyase sobre sí mismo."

Espero Sebastián que puedas ayudarme a resolver este acertijo, hay ciertas cuestiones que no entiendo, principalmente que nosé si estoy loco y yo mismo escribí esta carta o si existe un verdadero Mr. Svenson y sabe quien soy o simplemente si vos existís y esto no es un sueño.
Sin más, espero puedas entenderme.

Mis más afectuosos saludos, Julio C. Pollet."


Luego de leer esta carta automaticamente tres cuestiones que creo son la solución a las inquietudes de Julio, vinieron a mi mente:

uno_ las ya planteadas similitudes de estructura lingüística y vocabulario, en algunos casos hasta textual.

dos_ cuando llegué a la oración "La carta resultó ser de un parrafo y consta (las conté) de 56 palabras", me asustó la coincidencia obsesiva y casi relacionada a la criptología de las cantidades y las palabras, que yo también estaba contando las palabras de la carta de Julio. (la cifra obviamente desapareció producto de la sorpresa).

tres_ a eso, digamos, de las dos de la noche anterior en que encontré la carta tuve la necesidad de revisar el buzón del correo y fué tal lo disparatado de la ocurrencia que no recuerdo si lo hice o realmente esperé a la mañana siguiente o escribi yo mismo todo.

Pasaron exactamente veinticuatro días desde aquel sobre papel madera y con el correr del tiempo se vuelven cada vez más nublados los recuerdos.

Lo cierto, y es la principal razón del nacimiento de este texto, es que hace un rato, digamos a eso de las dos, recibí una carta de Mr. Svenson que me pide ayuda porque cree que un tal Julio C. Pollet está por suicidarse.

Ya son las cuatro cincuenta y repasar los hechos no me ayudó de mucho, quizá todo sea un sueño, quizá yo sea en realidad un nexo tangible entre dos personajes imaginarios o quizá yo sea el imaginario en una historia de personalidades multiples de Julio C. Pollet o Mr. Svenson o quién sabe.
La verdad es que tampoco me importa, simplemente porque mi documento afirma que mi nombre es Hèlene Mertrié y yo no tengo ningún problema psíquico ni mucho menos existencial, por lo que me apiado de tu salud querido Sebastián y espero que entiendas lo que hoy escribí para vos.

te escucho afuera esperando música

ya pesan las orejas pesa la mirada pesa la cabeza pesa pensar. pesa pensar. y no quedan más palabras que las que ya existen y las que faltan inventar y no queda nada más que esto y repetir una misma porquería para que claves una bandera en la punta del iceberg y en el momento en que no hay nada más que decir repito repetir porque nunca pero nunca nunca nunca, es suficiente:


tinta y bastidores

quiero inventar reflejos de roma en el espejo de tu sexo. mantener los ojos abiertos con las luces apagadas. como aquella vez.
las pupilas, los diafragmas y las paredes son plateas para los curiosos alados que aplauden con naturalidad.
el silencio como palacio y la suavidad de tus pieles como pista de aterrizaje, para los besos kamikases sólo en noches perdidas, completas desconocidas de la cama para tres. vos, yo y nosotros.

el aroma a despedida y el eclipse de las almas, el sinfin, la profecía y un mensaje en bastidores que en silencio decia: "Si caigo en la sobreactuada repetición de decirte todo lo que me provocas, es por el simple hecho de que fuiste siempre el nexo más eterno y terrenal que puede explicar una pequeña pieza de lo que siento, por lo que me es inevitable dibujarte en los momentos en que más en un cuento estoy. Sos la representación en carne y miel de mi amor a la literatura".

Después de la noche anterior: "La historia de la historia"

Mr. Svenson era la nueva obsesión de Julio.

Julio se levantó esa mañana resignando el dolor de la noche anterior. Preparó café y lo posó sobre el apoyabrazos izquierdo del sillón. en el derecho, un viejo revolver.

-El sillón y la biblioteca era lo único que había dejado Julio en su living. El domingo justo antes de la noche anterior, las mesas las sillas las flores, los portarretratos vacíos, los libros (menos uno) habían sido reubicados incomodamente en un container sobre la principal. Julio se regocijó esa tarde viendo a sus vecinos de rapiña jubilosos de encuentro y ahorro y mesas y sillas.-

El libro menos uno era anónimo, sin nombre y contaba las vivencias de un loco encerrado y casi suicida llamado Mr. Svenson. Este -joven viejo adolescente hombre medio... loco- personaje, escribía una carta cada mañana solo para cerrarla y pegarla en su cuarto. La otra mitad del día se ocupaba de tomar un sobre al azar y leerlo con la promesa de suicidarse a la noche o escribir una nueva carta al día siguiente.

El argumento, el personaje y la edición eran deplorables, enfermádamente deprimentes y encajaban exactos en la cabeza de Julio. Más aun desde la noche anterior.

Pero era mañana, de mañana, el café estaba bien el revolver ni hablaba y la primera carta decía:
30 de Junio de 1997
A Mr. Svenson
Introducción al ensayo sobre la historia de la historia

"Si cada ser encontrara la forma, las palabras exactas que permitan describir Su verdad, seguramente coincidiría con la de todos los seres (en esencia) ya que todos percibimos distinto el mismo inicio, la misma verdad, compartimos el mismo desorden. La historia está presa en la conciencia individual.
Entonces y pese a las palabras voy a dejar en claro que me entiendo como un universo paralelo, un infinito, una historia y memoria completa que camina, se relaciona e interactua con otras en el marco de lo inevitable.
Quizá la mente, quizá el resto, pero las fichas caen con una sensación y es la de sentir lo nuevo, presenciar al escenario siguiente en el mismo escenario: somos la falla necesaria, somos el virus, sentir nos convierte en responsables de nuestra propia necesidad de ser. Entonces el amor, entonces la nueva antigua arma, entonces el malo de una película pasada de moda para evolucionar y esperar al próximo desorden.
Cada componente toma un nuevo significado (hasta el significado como componente) y las casualidades absurdas toman ritmo ya que el destino no es más un orden hacia un fin sino que se transforma en la búsqueda, destino Es buscar, es camino con preguntas más allá de las respuestas, de incertidumbre, de resignación positiva, activa.
Que más da mil años, que más da un minuto, que más da cambiar la historia para que esto tenga sentido, despertar añorar negar sufrir brindar pagar mentir morir nacer, que más da. A veces menos es más.
El sentido mismo es que las cosas cambien, porque todo cambia, todo salvo el hecho de que todo cambia, salvo que siempre seremos el virus en una historia perfecta, siempre escribiré una carta para suicidarme de nuevo, para hacer de mi de vos y de todos, infinitos."
Mr. Svenson, 30 de Junio de 2010



Julio cerró el libro y el café. Puso el revolver en su sien -las muelas relajadas- y gatilló suavemente.

Esa fue la segunda noche consecutiva que Julio se suicidaría.

otoño

otro frío de nunca, otra vez.

La noche viste endiablada y están ardiendo los huesos, congeladas las mejillas.
ya sé- dijo Julio.
los pasos son apurados y no hay nada para hacer más que estar apurado. no espera ningún lugar, al fin y al cabo no importa. siempre estamos yendo.


Julio no llamaba la atención, el sonido de sus zapatos retumbaba a gran velocidad enfrentando a las bajas temperaturas. era uno de esos días en que no existe otra posibilidad que salir a caminar, en los que uno se encuentra enfrente de la vereda de los felices y la calle vacía es el único escenario posible, es el hilo más fino, sí, pero inevitable.
Julio escucho el susurro del vacío, nítidamente.
-qué es esa fuerza invisible que te golpea la cara?
una vez más la mirada perdida y los fantasmas despiertos.
-cuál es tu papel en este tablero de ajedrez?
a la vista parecía más una broma perversa, una lluvia asesina que filtraba la imagen de esa guerra de figuras geométricas.
esa ciudad era como todas y como ninguna, esa soledad que lo obligaba a no querer ver a nadie, de exponer la piel a lo más crudo, a probar un sentir paralizado en un punto crítico, a morir de nuevo para mentir mañana.
-morir y mentir. esta tarde a la mentira le falta valor y a la muerte le sobra maquillaje.


Julio se sentó en el banco de una plaza. una lapicera, un anotador y el puente, la fuga:

"Querida Helene: que más puedo que culparte. que más, si ya no queda nada.
dejaste poner tu nombre en un sillón y una corona, dejaste ser, y fuiste.
ese así tan tuyo, esa ruleta infinita, esa orden callada de enviarme hasta acá a desconfiar del viento y morirme de frío. de saberme sin caminos más que el de culparte de nuevo y decirte que quiero abrazarte hasta que desaparezcas".

Julio se levantó lento y retomo el camino. las cuadras se hicieron pasillo y nuevamente como una primera vez, el mar.
pararse de frente, la bufanda una bandera y dejarse ser lluvia.

ya sé- dijo Julio -pero no quiero jugar más

una mesa de café

esa guitarra era una gata en celo.
el quinto whiskie era una invitación de la casa y la mesa estaba justo donde debía estar.

Julio intentaba reacomodar los hechos. Había sabido dejarse llevar por un incomprensible camino de actos casuales en algo que parecía ser un terreno causal.
Comenzó pensando en su cama, en lo dificil que se hacía el sueño siempre un paso adelante y con tan pocas cosas que pensar. la incomodidad del colchón y el amanecer de la luna a la par, como un comienzo oscuro que no quería presentir.
Pues claro, eran pasadas las dos de la mañana, era martes y era el fin de un día muy largo. En seis horas debería sonar el despertador, el fastidio, la espuma de afeitar, el desayuno apurado, la bocina, la corbata y una nueva mañana. pero no.
la cama seguía incomoda y la luna ya estaba amanecida.
el sonido del teléfono, el descolgar, el silencio, la incertidumbre. las dos de la mañana y ponerse la bufanda y salir a caminar.

El café hubiese pasado desapercibido. pero no. la mujer y su vestido negro entró con apuro y Julio sin saber como entro hechizado. Un señor que dormía de día lo acompañó con su traje barato hasta la mesa para dos al lado de lo que parecía un escenario. la mesa estaba en penumbras y el whiskie era escocés. pero no.
De todas formas la mesa estaba bien, la guitarra parecía una gata en celo y la mujer de vestido negro estaba justo donde Julio podía verla, iluminada por una luz barata, con las piernas cruzadas y acompañada. Pero no.

Julio se sonrió. La mesa era para él y la mesa era para ella. El lugar parecía destinado y el tal James tocaba cada vez mejor, a la par de un whiskie que sabía cada vez mas rico y una imagen cada vez más fuera de si. Todo tan sincronisado que era cuestión de seguir dejandose llevar para terminar acostado con la mujer de vestido negro, que debería llamarse Elizabeth o Julieta o quien sabe pero que sin saberlo acabaría despertandose en la casa de un extraño. Peor no. Un extraño no.
Esa espalda el jamás la había visto, pero la conocía, el guitarrista enmarcaba la noche para ambos sin saberlo pero si.

Julio seguía pensando en los "porque" de la situación, desde su cama hasta la mesa y el whiskie invitado cuando se sucedió tan claramente lo que debía. El acompañante de la mujer de esa noche (la única mujer, tan única entre ese resto) caminó al baño permitiendo que Elizabeth o Julieta o quien sabe juegue a recorrer el salón con la mirada y se pose en Julio, a quién la sombra le pintaba medio rostro y la bufanda escocesa como el whiskie estaba prolijamente doblada sobre la mesa para dos.

y fué mirarse, y fué la incomodidad de la cama a las dos y la comodidad a las cinco. en tres horas en que desfilaron la noche el teléfono el silencio la luna la bufanda el vestido negro como la noche y la luna y el silencio y la guitarra como una gata en celo y una mujer como una gata como una noche y esa mesa para dos desde la que Julio no tubo más que mirar a los ojos a quien dijo ser Laura para decirle cuanto la conocía y cuanto quería conocerla, para que ambos salieran de un bar en el que un hombre nunca saldría del baño y un tal James seguíria citando a Ray y un señor que dormía de día reiría al verlos salir y sentirse participe de la noche. la noche. pero no.

Laura resultó ser más de lo que imaginaba y la cama era tan comoda y los labios rojos.

El despertador sonó previsible y Julio se despertó con el fastidio de siempre, sólo en la cama. Ni un rastro de la mujer de vestido negro, ni siquiera del whiskie ni del humo de la noche anterior.

Tan extrañas habían sido las horas pasadas que hasta comenzó a preocuparse por no saber reconocer entre sueño y realidad. Como unas horas de Dalí, en las que todo pudo haber pasado pero no. El teléfono había sonado realmente o fué el punto exacto de inicio de un sueño tan real que lamió la piel.

Cuando todo parecía una mañana de martes, cuando todo fué una nebulosa, Julio tomó la espuma de afeitar en la ventana espejo y al cerrar vió su cara cansada sonreirse jugando al figura fondo con unos siete números escritos en rouge rojo. pero sí.

despedida

_como te gusta verte tan autosuficiente, esa postura entre seguro y desaliñado.
siempre así, una sonrisa complaciente y esa mirada de estar pensando todo el tiempo. Que patético, mirate un segundo. ¿qué ves? ¿estás conforme?
seguramente lo estés. siempre soñaste con vestir esos zapatos, con esos viajes de negocios, con apagar esa voz que tanto molestaba.
mirá tu reloj, sí, son las once. el hotel no te gusta pero hay un bar de nivel a unas cuadras. ya sé.
dale, aspira un poco más que se está poniendo aburrido.
cuando me mirás así siento que ya no te queda nada, que ya sólo sos eso, esa piel, esos sentidos y ese traje. estás vacio amigo mio.
está será seguramente la última vez que nos veamos, ya me aburrí de tu silencio, de esa cara de arrogante que conoce todos los atajos. estás sólo, ni siquiera contás con vos mismo.
aspirá de nuevo, dale que es temprano.

_basta, me cansaste, callate de una vez.

_ahh, pero mirá vos. Sabes hablar ahora. que raro que te moleste y que sigas aca. me das asco, ya evadiste mil preguntas, evadiste las respuestas y sin embargo te sentís con el orgullo de quedarte a escuchar. que triste.

David gritó. un grito que nació desde muy adentro inundó el baño, como la extinción de una llama interna vomitando las paredes, agitando las manos.
Sin pensarlo arrojó la botella de champagne contra el espejo.

El reflejo no llegó a decir "hasta nunca"

dos meses en viena

Querida Hélène:
hace un instante sin querer comence a jugar con un lapiz. te lo transcribo:

aca estoy yo, mi mundo y mi universo. y sin embargo no estoy.

que puedo decir sentando en este rincón, en este eterno presente, único y constante no tiempo, terreno infinito del ahora, este ya mismo que me pellizca la planta de los pies y no me deja dormir.
desnudo y arropado por las mantas, hipnotizado en el chispeo del hogar.

¿qué me trajo aca?

seguramente ese juego macabro de la correspondencia. vos.
un plan perfectamente armado en el que la constancia de mis ganas luchan y se quiebran contra la ambigüedad de tus estados, ese logaritmo indescifrable, ese patrón imposible de deseo sin lógica.
esa, tu locura. y la mía tal vez también, en una absurda, cruel y pensada historia de desencuentro.
ahora que llego tan dentro, ahora que quema profundo y el frío es la única compañía no puedo hablarte. pues este rincón es lo más bajo que puedo caer.

el lugar al que quiero llegar es lejos del pensamiento. tenerte cerca me hace sentirlo, será por eso que en ocaciones no necesitamos hablar. será por eso que no quiero seguir escribiendo. que extraño, te extraño y el hogar, la manta y el frío me lo repiten a cada instante, en ese pasado que no fuimos, en ese presente de mañana en que seguiré aca, esperando que una carta se corresponda a esta para que este lápiz quiera seguir jugando.


Espero estes bien, un beso, Julio.-

lunes por la mañana

es tan intenso, tan real.


era una mañana del lunes. tal vez era cualquier otro día, pero la sensación de peso y seriedad con párpados vagos era la de un lunes de ruido y largo trabajo por delante.
tomó el dedo índice como bisturí y abrió su torso buscando aquello que lo inquietaba, que rebotaba por dentro y hacía temblar sus manos, algo así como un ácido invisible que corroía sus huesos y tal vez un poco más allá.
de pronto se sintió recuerdo, recuerdo de ganas, de cambio, de sueños y planes que nunca llegarían a ser, se vió parado en una ruta a medio camino de ningún lugar.
por momentos volvía a su escritorio, ingresaba correctamente los datos de los nuevos afiliados aprobechando esa versatilidad de poder vivir dos vidas al mismo tiempo. sin embargo esa sensación estaba ahí, y no se iría en toda la tarde, ni en la cena con amigos ni mucho menos en la cama vacía.
esa noche de lunes por la mañana se dejó caer en la cama pensando en su día, en su raro estado y en explicaciones que lo hagan volver.
el velador continuaba encendido cuando logró dormir y fué el único testigo del último sueño real, de esos que siempre quería soñar.
ahí estaban, tirados en el sillón mirando la postal de lagos y bosques tras el ventanal, el sexo, el desayuno intacto, Poe, la marihuana, las risas, la alfombra, de nuevo el sexo, whitman, el ventanal, el lago, ellos. todo se sentía pleno, fácil, natural.

despertó unos minutos antes que sonara el despertador. era miercoles y otra mañana de lunes.
se levantó de un raro humor, un dulzón por dentro de la noche en que vivió una vida perfecta y un amargo en la boca de saberse haciendo lo contrario.
el próximo vuelo al sur era a las 11 y el llamado por los parlantes sonó varias veces, casí logró percibirlo Ricardo desde su escritorio, momento exacto en que sin saberlo entendió que nunca tomaría ese vuelo, que nunca la soñaría de nuevo, pués fué más facil adaptarse a la queja de los conformistas, al sonido del teléfono, a la televisión y la imagen de esas felices vidas vacías. como la suya.

de pájaros, herramientas y cristal

me canse de viajar cuando me di cuenta que el lugar al que quería llegar
no existía ya o no existía aún.
pues pensé en el día en que no hayan más árboles ¿en qué se convertirán los pájaros?

y me sentí pájaro de árbol desaparecido o que nunca nació, vagando por aire infinito
en una jaula de cristal, persiguiendo lo imposible por el afán de perseguir.
así fué que construi mi lugar, al que quería llegar.
me di cuenta que tenía las herramientas desde antes de partir
pues la herramienta era yo y eras vos. y eran todos y era todo y era nada.
me sentí cansado y miré las huellas en el aire.
el viaje no había sido tiempo perdido pués nada se pierde y por lo tanto lo lo hacía ser inevitable y fundamental. causa y detonante de decirme a cada paso
que lo que salí a buscar estubo siempre bajo mi piel, y mi piel es consecuencia de viajes
y el viaje era busqueda y lugar.

la rueda sigue girando
y la veo pasar

entre azar y destino

que caso tiene deambular esta noche tan fría, esperando que un golpe de suerte me capture en movimiento a la mitad de estas vías, bajo la sombra del viento y haga que el viento mismo cambie al próximo día.

que caso tiene si tal vez ya lo decidí aquella otra noche, en ese pasado pasado, en esa mesa vacía, solo y conmigo era nada, y esa nada todo entendía. entendía que debía elegir al pasado que vendría, a ese lejos tan cerca, en ese adentro y su lejanía.

que caso tiene entonces querer alterar a la suerte, si entiendo al azar al destino como una bofetada al amor, como cerrar los ojos y verte, como una mínima reacción de una misma fuerza, una fuerza que volverá cuando muera la muerte.

Es el calor al frío, como el amor al odio, pués solo los separa una extrañá temperatura, entre esos dos extremos de lo mismo, entre un cuerdo y la locura, entre el horror y la poesía, entre el dulce abismo de la amarga amargura.

Así soy hoy, un esposo de las viudas, un amante de las lunas, la memoria del olvido. Un joven que vaga lento sabiendose el bien y el mal y el sentido más sentido, el actor principal de una obra infinita, de creadores invisibles, de secretos tan secretos que no hay letras que los describan.

Está noche, entre sensaciones y escepticismo es cuando llegué a saber lo que más quiero y eso es que quiero no saber más, pués información es lo que sobra a este ser universal que ya eligió antes de nacer lo que sería después, un cobarde con la valentía de animarse a deambular en la noche más fría sabiendo que hoy sentiría todo y que por la mañana nada sería.